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En las fiestas de Orea 2011

Cuando un amigo te invita a una fiesta tienes ganas de ir, pero cuando no lo hace por temor a tu comportamiento las ganas se vuelven infinitas. Así que la hermana de nuestro “amigo” Ataúlfo nos insistió para que le diéramos una sorpresa y nos presentáramos de improviso en las fiestas de su pueblo, Orea. Estas fiestas son como las de otro pueblo cualquiera pero con la peculiaridad de que hay que disfrazarse el sábado por la tarde. Por supuesto yo elegí el único vestido negro que me gusta y lo acompañé de capa, medias también negras y guitarra.

El sábado por la mañana nos vamos en coche cinco elementos (Rivi, Foca, Barón, Tiri y el que escribe), y durante 3 horas nos da tiempo a aburrirnos y reírnos de lo tortuoso del trayecto. Por fin llegamos y nos encontramos con la novia de Ataúlfo, María. Por cierto que Ataúlfo quiere que le llamos por su feo nombre en vez de por su mote, pues en el pueblo desconocen que su apodo tiene que ver con aquel que abusa del onanismo.

María nos lleva a escondidas a la peña de Pa… perdón, Ataúlfo. La peña es una cochera un pelín maltrecha con suelo de tierra para drenar todo líquido espirituoso, de poca luz y decoración inexistente. Ahí aguardamos a que llegue nuestro amigo.Todavía estamos vestidos de paisanos pero yo siempre que se tercia o no me llevo la guitarra. Cuando entra Ataúlfo por la puerta de la cochera chillamos como locos para su susto y sorpresa y desconcierto. Lo primero que hace es agradecernos con poco esmero nuestra presencia y lo siguiente es rogarnos que no le llamemos por su alias.

Al percatarse de mi guitarra me suelta que en el pueblo no será bien recibida, ¡oh pequeño insensato! No pasan dos cervezas cuando algunos de la peña atribulados en el suelo colindante a la cochera me piden que le dedique una canción a Ataúlfo. Yo procedo a desenvainar mi instrumento y le regalo una cancioncilla a mi amigo, para luego crecerme con un “A mí me gusta el pin, piribín, pín, pín”. Como comenta Rivi: “¡Marrone en cinco minutos te has hecho con la peña!”.

Hora de ponerse los disfraces. Nos enfiestamos todos en la plaza del pueblo y ahí me topo con algún miembro de mi nocturna hermandad oculto en otros atuendos; algunos niños quieren robarme los pines de España pero les convenzo para que se lleven otros menos atractivos.

Vamos en procesión precedidos por una charanga hacia la plaza de toros. Ahí sueltan una vaquilla o toro pequeñito y es gracioso ver a la gente disfrazada tratando de recortar a la pequeña bestia, verbigracia: uno vestido de playmate horrenda; menos gracia hace cuando torean y acaban acuchillando al animal, más que nada porque hay niños y la espada muestra mucho metal para lo que cabría esperar si se hubiese ensartado bien. Me animo a cantar un “Que viva España” pero nadie me sigue y Ataúlfo dice que en Orea esa canción no va mucho… ¡A ver si va a ser verdad que no voy a poder completar mi faena esa noche!

Seguimos en la plaza y se oyen rumores de que la siguiente vaquilla la van a soltar por dentro de las vallas, aunque no es así. ¡Pero el tercero sí que viene a darnos un buen tute! Le doy como puedo la guitarra a una señora para hacer un escorzo y auparme con mi cuerpo en forma horizontal; afortunadamente el torito pasa y sólo se lleva una cinta del gregüesco. ¡Uffff!
Termina la corrida y es hora de irse a la peña de Ataúlfo. Por el camino me secuestran unas señoras que exigen una serenata, y como buen trovador se la brindo. Quedan encantadas y me conminan a acompañarlas, yo también encantado. Al llegar a un bar me ven otros y también piden alguna canción, ante la mirada algo descontenta de mis primeras acompañantes. Pero yo me debo a cualquier público así que empiezo a cantar y todo es alegría y más alcohol. Uno que parece mariquita me dice: “¿Te puedo dar un abrazo?”, a lo que accedo con alegría.

De mis amigos ni rastro pero yo estoy la mar de contento. Una señora intenta darme unos euros pero yo me niego, prefiero comida o bebida. Como dice la canción medieval “In taberna cuando sumus”:

“Monedas para la primera copa de vino,
de ella bebe el libertino,
beben la segunda por los cautivos,
después de éstas la tercera por los vivos,
la cuarta por todos los cristianos,
la quinta por los fieles difuntos…”

La señora me pregunta que si me ha pagado el ayuntamiento para animar las fiestas 😀 Me río y niego con satisfacción. Después de un rato me voy a la peña de Ataúlfo pero ahí no están mis amigos, supongo que estarán en la peña de María. Da igual, ahí hay gente que me pide cantar así que me pongo a ello. Después de otro rato viene Foca a decirme que me vaya a la peña de María, a lo que uno de la peña replica: “Si te vas tú, nosotros nos vamos contigo”. “¡Pues vámamos todos!”, les respondí, y cantando una ronda de rock&roll vamos todos por la plaza del pueblo.

En la peña de María tienen una buena fiesta montada. Rivi me dice: “ya nos han llegado noticia de que has estado por ahí dándole al cante”. Bueno, realmente Rivi dice algo parecido, no lo recuerdo bien por los efectos del tiempo o más bien del alcohol. Un par de micrófonos alegran la noche festiva y por supuesto me invitan a cantar, y me hacen una petición y versiono el ‘With or without you’ de U2. Ese vídeo de todos los borrachos disfrazados de cantores no tiene desperdicio 😛

Bien es sabido que el cantar puede provocar la lluvia y que no siempre llueve a gusto de todos, así que en un momento dado siento un dolor fuerte en la nuca, miro al suelo y veo una zapatilla poco pesada. Me doy la vuelta y veo a 5 tipos mirándome y no se me ocurre otra cosa que decir con firmeza: “Quién coño ha sido”. Ese club de los cinco disfrazados me podía haber dado una buena, pero creo que mis iris de loco me salvaron y se dedicaron a decir que no lo sabían. A la media hora uno de ellos se disculpó y le comenté que no pasaba nada, aunque debía haberle recordado lo que escribió el poeta gaditano Pemán:

“Por razón de sencillez y de espíritu animado
ha quedado demostrado este decreto que ves:
Por arte de sol y luna
decreto de la Fortuna
y ley de los Nigromantes
a quien le gusta la Tuna
no le gustan los Tunantes”

Pero la que corría peligro era mi guitarra. Tiri me avisó de que la guardara o me la iban a partir, a lo que yo respondí con mi ira: “¡Por encima de mi cadáver!”. Una chica se ofreció a que fuéramos a su casa a guardarla, pero veía yo segundas intenciones en ello y no estaba yo disponible en ese momento para el romance. Al final cuando otra chica golpeó el instrumento levemente contra el techo al querer danzar cual go-gó accedí a soltar la guitarra en casa de Ataúlfo y regresar a la fiesta.

Vamos a una discoteca y tres chicas empiezan a quitarme las cintas de mi capa. El novio de una de ellas que es clavado a Marc Gasol me dice: “Tú haz lo quieras, tienes mi permiso”, con lo cual cuando las veo al acecho amago con tocarles el trasero para ahuyentarlas un poco. El colmo llega cuando estoy en el servicio y me las encuentro a las tres que me quieren desnudar (¿por qué no pasan estas cosas cuando uno está soltero?). En fin… que les insisto por favor que me olviden un tiempo y afortunadamente me hacen caso. Cuando acaba la fiesta me devuelven las cintas y todos amigos.

¡Vaya fiestas más divertidas a la par que estrambóticas! 🙂

 

Constricciones usadas:

  • Una historia en la que salga de tuno
  • No usar la primera letra de mi nombre (“j”)
  • No poner la palabra “tuno”
  • Incluir algo de bibliografía/citas
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