670's/Club de Lectura

Escritos en torno a la clase “Un tal Juan Rulfo”

Todo mentira (por Marrone)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Era mentira. Fue una argucia del alcalde de esa ciudad para que le diera fama a ese minidesierto. Claro, ser estrella de Hollywood conlleva tener un séquito de paparazzi allí donde uno va. Lo cierto es que no me fue tan mal, mi agente filtró que estábamos viendo este árido terreno porque íbamos a rodar un remake de Lawrence de Arabia, con lo que el hastag #comala fue trending topic en México y USA. Aunque me hubiera gustado más sentir el calor de mi desconocido padre. En Comala sólo había páramo, ningún Pedro.

Susurros a una nieta (por Tere)

Vine de nuevo porque quería verte, porque necesitaba decirte que no hicieras lo que yo hice. Debes alejarte de esta tierra. No dejes que te deslumbren los rayos trasparentes de su luna ni que te agarren sus gritos de desesperación. Si de algo me doy cuenta desde este lado es de que las losas bajo las que nos escondemos, respirando malamente entre sus rendijas, se pueden correr. Marcha de Andrade. Más allá del bosque que la rodea, con su olor húmedo y putrefacto, hay vida. Si te quedas, acabarás atrapada en ella, como yo y como tantos otros. Haz caso a tu abuela, niña. Marcha, que yo intentaré seguirte.

Bartleby Páramo (por Mitas)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. No sé por qué me lo creí. Mi madre me lo dijo y cierto es que mi madre no me había dicho una sola verdad en su vida. Nunca se había molestado en hablarme de mi padre, de hecho solía decirme que ella no era mi madre, que me recogió un día que volvía de borrachera en un callejón.

Saucejo sí que es un páramo (por Miguel el Ruso)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Me lo dijeron –tras meses de mucho insistir- en la oficina de registro de Cercedilla del Saucejo, donde mis padres adoptivos me inscribieron como hijo suyo y me desinscribieron cuando pregunté por mis padres biológicos. Me desheredaron. Me avisaron y no es que no les creyera, sino que me importaba poco. Lo único que me molestaba es que hasta el nombre que tengo, o tenía, me lo quitaron. Ahora no sé cómo me llamo. Bueno, en realidad, nadie me llama. Lo único que tengo es la esperanza de poder heredar no tierras o dinero, sino al menos un apellido.

Ducha de agua fría (por Blanca)

Vine a ducharme porque en mi casa sale puro agua helada. Las cubiteras las llenamos regándolas con la alcachofa, tiempo exacto desde que sale por los sombríos poros hasta que se despatorra e inmóvilmente se duerme. Luego, ya sabes, se pone tonta con eso de que la hemos dejado agonizar mientras se congelaba. Y ya no quiere salir de su tumba y fluir y hacer sus cositas en los vasos de coca. Entonces, como sé de tu mesura y estructura, y de que te estoy dejando el suelo guapo guapo, a lo aquapark, te tengo preparada una propuesta de alianza confraternativa: ¿me dejas una toalla?

Fronteras (por Magalí)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Al verme llegar, el sol se ruborizó. Aspirado por las rocas, soltó un último suspiro y diluyó entre negruras. Olvidado mi padre. Sepultada mi madre. ¿Qué queda más allá de la sangre? El lecho de sus venas no me deja cruzar la frontera. Resecadas por el tiempo. Ahora me toca errar justo sobre lo que pasó en Comala.

Escrito Magali

La espera (por Daniela)

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivió mi padre, un tal Pedro Páramo. Quise encontrarlo para conocer sus ojos y verme reflejado en su mirada. Lo busque por las calles polvorientas, recorrí los rincones más inhóspitos y, una tarde, creí escuchar su voz llamándome desde una esquina lejana. Mis intentos fueron vanos, su sombra me esquivaba siempre y más de una vez estuve a punto de renunciar. Pero no pude, encontrarlo se había convertido en el único objetivo de mi vida y seguí sus huellas… Veinte años han pasado y sigo atrapado en este pueblo de almas errantes. La voz de mi padre cada día resuena más fuerte. Me llama desde algún sitio al que sé que pronto llegaré. No me he rendido, pero mis pies cansados, se han sentado a esperar. Sé que ahora es él quien me busca y por fin se acerca el reencuentro.

 

 

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