Críticas literarias/Eventos

Meursault, Jeckyll y Hyde (por Vito)

albert-camus-el-extranjeroUn apunte sobre El extranjero y El misterioso caso del Dr jekyll y Mr Hyde.

Al comparar estos  dos clásicos, más que en los personajes principales, mi interés se empezó a centrar en uno de los agentes fundamentales en las dos novelas. Esta es la inclemencia del tiempo como metáfora de situación en ambas novelas. Y más concretamente en el momento en el que los protagonistas cometen sus crímenes. Mientras que la primera sitúa al lector en un Londres nocturno y tan frío que las casas son difíciles de habitar alejados de las chimeneas, en El extranjero el insoportable sol de Argel lo invade todo. Mucha es la diferencia entre las dos escenas pero es cierto que la ambientación es fundamental, casi protagonista en las dos novelas, sobre todo en El extranjero.

En el capítulo sexto de El extranjero, en el que acontece su excursión a la playa y su crimen, el escritor usa la palabra “sol” veinticinco veces. Además son numerosas las referencias a la luz y al calor: “A cada espada de luz surgida de la arena, de una concha blanqueada o de un trozo de vidrio, mis mandíbulas se crispaban” (pag 61); “la luz surgió desde el acero como una larga hoja deslumbrante que alcanzaba mi frente” (pag 62). Esta invasión de sol en la escena, va a convertirse en una de las ideas más destacadas del libro: va a ser el móvil del crimen. Por ello me parecía importante centrarme en este punto. En algunos de los estudios a través de la filosofía comentan lo siguiente: “Dije rápidamente que había sido a causa del sol.” (Camus, 36 y 64).

Con esta frase Camus  se aleja del pensamiento existencialista de Sartre en el que se le había encasillado, y se acerca más a la pureza del absurdo. Dándole vueltas a este punto podríamos ir más lejos. No la he encontrado en ninguna parte, pero quizá sea conocida. El uso de un protagonista fotofóbico, podría ser un ataque a la razón y en mayor medida a la ilustración. Mr Meursault no comete el crimen de noche, sino a plena luz del día.

Este punto es un distanciamiento brutal con respecto a la tradición en asesinos que se ve muy bien reflejada en la obra de Stevenson. Mr Hyde, la personalidad abominable, ejecuta sus crímenes de noche y se desliza oculto entre la niebla de la capital inglesa.  Porque cuando cae la luz es el momento del mal. Es más plausible la sinrazón, es el estado en el que la pasión irracional toma protagonismo. A parte, la nocturnidad, es un agravante en términos jurídicos. Las historias góticas, y de terror, de tradición romántica, en la que se inscribe esta novela, se centran en la noche en sus escenarios. Por el día, lo que vemos es al Dr Jekyll, un hombre de ciencia, sumamente respetado.

Hay temas que aparecen recurrentemente en el Extranjero cuyo carácter simbólico ha estado muy relacionado con la luz. Uno de ellos, el más obvio, es dios y el cristianismo. Son incontables las relaciones iconográficas entre la religión cristiana y la luz. También la conducta del protagonista, ajeno a las normas de comportamiento social y crítico con la falsedad de la moral, me lleva a pensar que el sol hace referencia a la razón y más concretamente a la ilustración. Le azota toda una tradición de pensamiento apodada con El siglo de las luces por querer salvar a la humanidad de las tinieblas en la que se encontraban a través de las luces de la razón. Un pensamiento que no cumplió con sus promesas de libertad, que en vez de llevar a la civilización a la mayoría de edad, le había sumido en la barbarie de las guerras mundiales.

A su vez, esta relación entre el crimen y la luz también me hizo pensar en el concepto de lo siniestro que trabaja Freud. Según el psicoanalista, lo siniestro dejaba de ser sólo lo que nos es ajeno. Lo siniestro también puede ser lo familiar, las cosas que nos son conocidas, las que tenemos más arraigadas, desde tiempo atrás.

Son ahora las sombras, lo que busca Mr Meursault, lo que tranquiliza al protagonista. “Ganas, en fin, de encontrarme con la sombra y su reposo” dice al andar por la playa. Más aún en el último capítulo de la novela, después de encontrarse con el capellán, empieza a sentirse cómodo: “la noche era como una tregua melancólica”, “olores de noche, de tierra y de sal, refrescaban mis sienes”. Camus nos presenta a un hombre nuevo, que se siente reconfortado en las tinieblas.

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