Bitácoras

Crónica de un Nietzsche saturado de erudición


Asistimos ayer a una demostraciòn de còmo nuevamente no se realiza el reemplazo necesario en las antiguas formas acadèmicas y caducas acostadas en el seno de la universidad.
Una charla, en principio apetitosa, ofrecida por un joven estudioso, formado, experto en el capìtulo IV de Nietzsche y seguramente en cada uno de sus parágrafos, devino simplemente en bostezo.
Un formato inadecuado, cadavérico, exhausto en su propia forma barroca. Ninguna interpelación a los presentes, ningún guiño. Los aforismos nietzscheanos, en lugar de reinar en el documento de apoyo, sufrìan ahogados entre explicaciones y disquisiciones que tampoco aportaban una mirada nueva sobre ellos.
Ese era el lamento que exhalàbamos desde el corazòn ralentizado de una sala adormecida, acordonada por el director del programa, que se whatsapeaba por no bostezar, un mayor amaestrado en asentir y una groupie que escuchaba con gesto elocuente. El resto del público, entrado en edad, leía adoctrinadamente las diapositivas, como hará toda su vida.
Una jòvena, sentada aplicadamente al lado del conferenciante desde el inicio y que estaba llamada a dar la réplica, se limitaba a poner cara de interés, tomando un lugar desasosegante de azafata de telecupòn. Esperamos que no pretendido, aunque no sabemos si es que nunca nadie en la Complutense considerò estos efectos de diseño del espacio y los tiempos, si nunca nadie se preguntò por què todas las mujeres del mundo hemos de estar siempre dando la cara, y nada màs que la cara. Cuando hablò, leyò fijamente su texto. ¡Oh!
¿Cómo se puede aburrir al auditorio cuando se habla de la rompedora idea sobre la vida en Nietzsche? ¿Por qué no se detiene uno en aclarar bien, cuanto menos, un concepto? ¿Por què la propuesta ha de ser maximalista, abarcadora de tantos flecos, apuntalada por tantas y tantas frases de Nietzsche y de sus fuentes, hasta que uno es incapaz de recordar ninguno de los que ha oìdo, en una cascada infinita?
Sería profundamente màs interesante escoger uno y demorarse en su repetición incansable, si es que uno quiere calar el eterno retorno en los huesos. Producir algún golpe de efecto, algùn reclamo en la atención. ¡Aunque usemos para ello el fragmento de Leopardi! Y vayamos luego buscando a Nietzsche en los huecos de duda que le generò.
Si se defiende que la gaya ciencia se erige como esa creadora de valores que es, si se expone que Nietzsche propone pensar las vivencias como experimento científico, ¿por qué no atreverse a generar en la sala un momento diferente, intenso, que cambie en algo la moral que trajeron sus oyentes guardada en la suela del zapato?
Si la exhortación de Nietzsche con respecto a necesidad de una nueva moral consistiría en crear nuevas tablas de valores, allí donde los que tenemos ya no valen para la vida, ¿por què no arrojar estos formatos a la hoguera, por qué no guardar la tesis doctoral en el bolsillo del abrigo y generar un espacio interesante, donde, al decir de Nietzsche, liberar el futuro y desplegar la necesidad al pasado, con el fin de rescatar la vida?
Lanzar ideas para que se dé el debate, y desde ahí buscar las respuestas que necesita el auditorio en el bagaje que uno es, desde esa inmensidad que uno conoce y ya ha transitado, desde ese pasado docto y entrenado en comprender a Nietzsche.
Porque eso es lo que como auditorio venìamos a comprender: A iluminar un poco màs esas intrigantes palabras de Nietzsche, que siempre nos descolocan y nos ponen al borde de la lucidez. ¿Què mejor que poder angustiarse un poco primero, con un leve zarandeo con un par o menos de fragmentos, para poder ir luego exponiendo la tesis de uno, a respuesta de las inquietudes generadas? ¿No estarìa esto más cercano a la vida, que caer en una intrincada exposición digna del filòlogo que Nietzsche fue y luego rechazó ser por más tiempo?
Al menos nos llevamos el gustazo de ver, cuanto menos fugazmente, a un elegante Loquillo vestido de traje y sabiduría, y a Jota, de los adorados Planetas, desparramado en su asiento -y seguramente en su mente- en una animada charla sostenida en la sala vecina, antes de huir bajo una leve lluvia.

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