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Concurso Express La Necropia “Cien años junto a Rulfo”

¡Buenas salenas necropi@s y philosophers-a-um!

C’est fantastique la clase teórico-práctica del Concurso Express La Necropia “Cien años junto a Rulfo”, enhorabuena a los participantes, que lo imporante es ganar, ups, perdón, lo importante es divertirse. Pongo en copia a los philosophers para que se rían un poco con mis ocurrencias.

Al margen de los puntajes elaborados simplemente para organizar el juicio sumarísimo, y para no deprimir más a nuestros escritores más maduros y más duros, y a la espera del Acta de Andre, de memoria hago un refresh de las consideraciones vertidas por la plana mayor del Club de Lectura, es decir, tod@s: la transversalidad al poder.

En la categoría “Me ciño a las reglas del concurso porque si no me quedaré sin premio y quieras que no el Coordinador sabrá por qué pone esos límites técnicos y literarios porque tiene ya sobrada experiencia en la materia”, tuvimos:

Relato ganador: el de Sandrita, que nos soprendió por algo que se olvida constantemente en la literatura actual: que un relato es un relato, un texto con imaginación bien hilvanado, que tiene algo para contar, por sencillo que sea, o quizás precisamente por ello. Sandra le dio su toque particular rulfiano al texto, con repetición de palabras bien ubicadas para algunxs y no tan bien ubicadas para mí, jeje, que se que lo escribió mintras traducía del latín la Enciclica de Pio XII sobre la guerra y la paz en el mundo medieval y repasaba el texto de Althusser “Freud y Lacan” para comprobar erratas antes de la clase del Club de Filosofía del viernes.

Segundo premio: el de Alejandra, que también fue admirado por sus cualidades relatísticas y, si mal no recuerdo, por la ambientación misteriosa que logró darle con su toque particular, entre lecturas para un examen y subrayados para otro. Se llevó a casa un bellísimo ejemplar de “Pedro Páramo”, ya nos contará si consiguió colarle a su madre que lo había ganado en la Autónoma por su aplicación a los exámenes generales y particulares.

El tercer premio recayó en el relato de Andre, que eran dos párrafos pero que, con esa picardía tan suya, Andre se encargó de corregir a un párrafo para darse a conocer como autora y que no la lincháramos públicamente como habíamos hecho con los relatos de los ausentes, vindicando el jurado lo bien escrito e hilvanado del texto, que sin embargo podría haber desarrollado más la autora, que no sólo ya ha entregado su TFG sino que se lo publiacarán, o sea, no tenía el peso de los exámenes que oprime el cerebro y los corazones de los demás.

El cuarto premio recayó en el relato de Manuel, que para todxs los miembrxs del juradx tenía magníficas imágenes y había sido capaz de huir de seguir el relato a partir de la frase de Rulfo, pero que no sabemos si por el tema del poco espacio del que disponía no llegó a desarrollar como hubiera podido nuestro poeta más matemático.

En la categoría “Hago lo que me sale de la chorra, muchacho, porque al Coordinador lo tengo junado y me relegará al último puesto por envidida de mi talento y disciplina hacia la escritura”, tuvimos tres relatos, netamente perdedores los tres, a cual peor sin duda:

El de Alex fue catalogado como maravilloso por la imaginación siempre superabundante de nuestro escritor más maldito, con toques de verdadera maestría técnica, lo que nos llegó a rememorar su fantástico texto del Gulag para el “Concurso de película” del año pasado y otro texto que me ha enviado y leeremos la próxima clase para seguir riéndonos a carcajada limpia, Grumo. Debo reconocer que me arrancó alguna que otra sonrisilla como las que caracterizan a Alex y a Messi, salvando las distancias (sobre todo en millones de euros).

El de Jaratustra fue lapidado y enviado al peor de los infiernos: el de los autores que no escriben sino que redactan. Vade retro, Satana. Un primer párrafo brillante fue puesto luego en ridículo por el texto siguiente que se desprendió de él con la indolencia con la que las serpientes mudan de piel. Sin embargo, tuvo que ser el Coordinador, quién si no, el encargado de resaltar el conocimiento del autor de las cuestiones telúricas de las que hablaba, el buen intento de situar psicoanalíticamente el cambio del padre por el hijo en la tradición hermética de Giordano Bruno y de rescatar a tiempo el relato de la hoguera que había improvisado la profesora Magalí al grito de “¡A la hoguera con Jaratustra y sus textos sin corregir!” (en francés en el original).

Sin duda el peor de todos los textos fue el de Carlos el Formal, que si escribiera relatos como escribe Whatsapps tendría su TFG terminado hace semanas, un relato alabado por sus compañeros y compañeras -creo recordar entre las brumas de mi enfado que por su magnífica incorporación al mundo rulfiano- pero defenestrado por el Coordinador con razón pura y práctica, que haciendo gala de su poder de manipulación consiguió que el relato fuera quemado en las cenizas que aún quedaban de la hoguera de Magalí, su más ferviente defensora, por cierto, con quien preparará una clase a magistral sobre “Tiempo de silencio” y la ciudad que sin duda dará que hablar (sobre todo a Carlos y a Magalí, jeje).

¿El resultado? Una clase top donde nos reímos y trabajamos a partes iguales, ¿qué más se puede pedir?

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