Filosofía

Puertas de entrada (por Sandra)

Puertas de entrada, por Sandra

Existe una pequeña constelación de palabras que sirven para denominar a los textos que gravitan en torno a las primeras páginas de una obra, sea o no de ficción.

La primera subdivisión que conviene llevar a cabo crea dos categorías: textos que se encuentran integrados en el escrito principal y textos que se encuentran separados. Estos últimos pasarían a llamarse paratexto, una categoría que integra a todos los elementos incluidos en un libro que están fuera del escrito principal. En principio, esta subdivisión equivale a una separación formal, pero en los textos que se van a tratar resulta más útil identificarla con una separación de contenidos.

Dentro de la primera categoría, los textos integrados, se encuentran la introducción, el exordio y el preámbulo. Se trata de tres palabras de orígenes diversos que han venido a confluir en significados similares: todas hacen referencia a la primera sección de un texto, aquella que sirve para involucrar al lector y presentarle un primer panorama de lo que seguirá más tarde. En principio, estos textos pueden aparecer tanto separados del resto del escrito como dentro del mismo, cosa que permite su estrecha relación en el plano del contenido. Sin embargo, cada una de estas palabras posee un ámbito de aplicación distinto.

En la lengua de hoy, la introducción es percibida como un concepto general, un hiperónimo, cuyo significado abarca tanto acciones generales como ámbitos de aplicación especializados, dentro y fuera de los textos. Por su parte, el exordio conserva una acepción restringida al ámbito de la retórica que es donde se sigue utilizando, si bien hoy también es posible aplicarlo a otro tipo de textos o a acciones. Por último, el preámbulo es una invención lingüística posterior al latín que parte de un significado nacido en el ámbito del movimiento (prae-ambulus era quien andaba delante), como ocurre con el preludio, emparentado con el juego. Además, es un cultismo que ha perdido bastantes usuarios en las últimas décadas, por lo que resulta más fácil encontrarlo con su significado de introducción en textos antiguos.

Sin embargo, no compite directamente con introducción, en la medida en que preámbulo hoy posee un matiz algo peyorativo de digresión prescindible. Esto se puede comprobar con un sencillo juego de sustitución. Si en la frase y ahora, sin más dilación, se cambia dilación por preámbulos, queda: y ahora, sin más preámbulos… Que seguramente no suena demasiado extraña. Sin embargo, si se intenta cambiarlo por introducción (y ahora, sin más introducciones) sí que resulta poco lógica.

Al abandonar la categoría de los textos totalmente integrados, pero antes de llegar a los separados, se llega al prólogo, del griego lo que se dice primero. Este posee libertad de contenido. Puede funcionar como introducción y, por lo tanto, estar ligado por su contenido al nudo central del texto, o puede no hacerlo. Dicho de otro modo, una introducción debe limitarse al mundo interno del texto; un prólogo, no. Además, el prólogo siempre aparece gráficamente separado del cuerpo del texto, mientras que la introducción no tiene por qué aparecer marcada.

El prólogo presenta otra particularidad. Posee dos acepciones que equivalen, aproximadamente, a cuando se encuentra ligado y cuando no al mundo interno del texto principal. Así pues, es posible utilizar la misma palabra para nombrar dos textos distintos, lo que contribuye a crear cierta confusión conceptual.

Además, cuando se trata de un texto separado, su autor no tiene por qué coincidir con el del texto principal, cosa ilógica en los textos integrados por su contenido. La posibilidad de que haya otro autor viene de la mano de la libertad de contenido y tiene como consecuencia que, en un prefacio o prólogo, quien escribe pueda permitirse hablar de sí mismo o de su relación con el escrito que está prologando. En este significado resulta sinónimo de prefacio, de origen latino, lo que se hace primero, y que se restringe a los textos separados tanto gráficamente como por contenido que funcionan como presentación de un texto.

En resumidas cuentas, si se trata de un texto que introduce el contenido del mundo textual, lo fundamenta o lo amplía, se tratará de una introducción o prólogo (en su primera acepción), un exordio en un discurso y un preámbulo en un texto más antiguo o pomposo. Si se trata de un texto que presenta circunstancias anejas, será un prefacio o un prólogo (en su segunda acepción).

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